miércoles, 4 de noviembre de 2015

LEY DE SAY

LEY DE SAY

     En economía, la ley de Say es un principio atribuido a Jean Baptiste Say, que indica que no puede haber demanda sin oferta.  Cuantos más bienes (para los que hay demanda) se produzcan, más bienes existirán (oferta) que constituirán una demanda para otros bienes, es decir, la oferta crea su propia demanda.  Expresado en palabras del mismo Say:  “Un producto terminado ofrece, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos por todo el momento de su valor. En efecto, cuando un productor termina un producto, su mayor deseo es venderlo, para que el valor de dicho producto no permanezca improductivo en sus manos. Pero no está menos apresurado por deshacerse del dinero que le provee su venta, para que el valor del dinero tampoco quede improductivo.

Ahora bien, no podemos deshacernos del dinero más que motivados por el deseo de comprar un producto cualquiera.  Veremos entonces que el simple hecho de la formación de un producto abre, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos”.






     Puesto que la llamada Ley de Say ha sido objeto de extensa controversia a través de los años, se transcribe el capitulo XV del Tratado de economía política de Juan Bautista Say.


DE LAS SALIDAS (DE MANDA)


     Suelen decir los empresarios de los diversos ramos de industria que no está la dificultad en producir sino en vender, y que nunca dejaría de producirse bastante mercancía si se pudiese hallar fácilmente su despacho.  Cuando el empleo de sus productos es lento, difícil y poco ventajoso, dicen que escasea el dinero.  El objeto de sus deseos es un consumo activo que multiplique las ventas y sostenga los precios.  Mas si se les pregunta qué circunstancias y que causas son favorables al empleo de sus productos, se nota que por la mayor parte tienen ideas confusas sobre estas materias; que observan mal los hechos y los explica peor; que tienen por constante lo que es dudoso; que desean lo que es directamente contrario a sus intereses; y que procuran obtener del gobierno una protección fecunda en malos resultados.

     Para formar ideas más seguras y de una aplicación de orden superior, con respecto a lo que proporcionada salidas a los productos de la industria continuemos el análisis de los hechos más comunes y constantes; comparémoslos con lo que ya hemos aprendido por el mismo medio; y quizá descubriremos verdades nuevas, importantes, propias para ilustrar a los hombres industriosos acerca de sus deseos, y de tal naturaleza que aseguren el acierto de los gobiernos que deseen protegerlos. 

     El hombre cuya industria se aplica a dar valor a las cosas, disponiéndolas de modo que tangan un uso cualquieras que sea, no puede esperar que sea apreciado y pagado este valor sino donde haya otros hombres que tengan medios para adquirirlo.  ¿Y en qué consisten estos medios?  En otros valores y productos, fruto de su industria, de sus capitales y de sus tierras; de donde resulta, aunque a primera vista parezcan una paradoja, que la producción es la que da salida a los productos.

     Si dijese un mercader de telas: Yo no pido otros productos en lugar de los míos, sino solamente dinero; se le demostraría con facilidad que si su comprador se pone en estado de pagarle en dinero, es a consecuencia de las mercancías que el vende también por su parte.  “Un arrendador (se le podrá decir) comprara las telas de Ud, si tiene buenas cosechas y serán tantas más las que compre cuanto más haya producido.  Si nada produce, nada podrá comprar”.

     “Ud, mismo no puede comprarle su trigo y sus lanas, sino en cuanto produce telas. Se empeña ud, en que lo que necesita es dinero, y yo le digo que son otros productos.  En efecto ¿para qué quiere un, el dinero?  ¿No es con el objeto de comprar primeras materias para su industria, o comestibles para su consumo? Con que lo que ud, necesita son productos y no dinero.  La moneda que haya servido en la venta de sus productos, y en la compra que haya hecho de los productos de otro, servirá dentro de un momento para el mismo uso entre otros dos contratantes; después servirá para otros y otros en una serie progresiva que no acabara jamás; del mismo modo que un carruaje, que después de haber transportado el producto que ud, haya vendido, transportado otro, en seguida otro y así sucesivamente.  Cuando ud, no vende fácilmente sus productos ¿dice por ventura que es porque los compradores no tienen carruajes para llevárselos? Pues cabalmente el dinero no es más que el carruaje del valor de los productos.   Todo su uso se ha reducido a acarrear a casa de ud, el valor de los productos que había vendido el comprador para comprar los que ud, y así mismo trasportara a casa de aquel a quien ud, haga una compra por el valor que los productos que haya vendido a otros.


“Compra ud, pues, y compran todos las cosas que necesitan con el valor de sus productos, transformando momentáneamente en una suma de dinero.  De lo contrario  ¿Cómo se podrían comprar ahora en Francia, en el espacio de un año, seis y ocho veces más cosas que las que se compraban en el miserable reinado de Carlos VI?  Es evidente que sucede esto porque se producen en ella seis u ocho veces más cosas que antes, y porque se compran estas cosas unas con otros”. 

DOCUMENTO 3. PROCESO ECONOMICO I.

Redistribución de la riqueza

     La riqueza se adquiere a base del propio trabajo, el descubrimiento, por el intercambio o la donación. Se acumula, se trabaja y se ahorra, con la finalidad de formar un patrimonio.

En el mercado, los intercambios de bienes y servicios son voluntarios. La dinámica del intercambio de bienes y servicios es la que diaria y constantemente distribuye la riqueza en el mercado.

La redistribución impositiva de la riqueza consiste en redistribuir lo que ya esta previamente distribuido y, como consecuencia, surgirán problemas de equidad, aparte de los económicos.

Redistribución impositiva de Riqueza:

Transferencia coercitiva de bienes, y en especial de rentas, de unos sectores a otros de la población, para hacer la distribución de la misma más pareja.

La distribución de la riqueza dentro del mercado organizado libremente, seda en la medida que participamos y colaboramos en los procesos de intercambio, por ejemplo: el que produce una mesa, para su venta, hace que la mesa o su producto, resultado de la venta sea de él.

Cuando es producto de la cooperación de distintas personas que aportan su trabajo o sus bienes, la contribución de las personas es remunerada contractualmente por quien, en calidad de empresario, organizo y voluntariamente les contrato por el valor mutuamente convenido.

Cada quien tendrá su propia valoración subjetiva, pero NADIE PUEDE COBRAR MAS QUE LA VALORIZACION DEL MERCADO.

La parte de la riqueza o de la perdida producida que le corresponde al empresario es residual. Es especulativa. En todo caso, la riqueza producida (o perdida) habrá quedado distribuida en el momento que se produjo.

Hay que preguntar si la gente produciría mayor riqueza si supone que lo que va a producir será suyo.

Quien ofrece mejor oportunidad de empleo o de intercambio a los demás no es responsable de que otros no ofrezcan mejores oportunidades, ni mucho menos puede impedirlo, sin recurrir al uso del poder coercitivo del Estado.
No todos tendrán la misma oportunidad de ofrecer mejores oportunidades a los demás, pero en una sociedad libre todos tienen el derecho (libertad) de hacerlo.

Ya vimos anteriormente que la división del trabajo y el subsiguiente intercambio surgió debido a la discrepancia en el valor que las personas le atribuyen a las cosas, lo cual crea las oportunidades de beneficio mutuo.  

Puesto que en tanto el intercambio sea libre las dos personas ganan, podemos decir que, en una económica de mercado, la acumulación de una fortuna legítimamente adquirida por parte de alguna persona es evidencia de que esa persona enriqueció en alguna medida a los demás con quienes intercambio.

Esa fortuna no es causa de pobreza ajena, pues todos los que intercambiaron con la persona afortunada lo hicieron porque percibieron que así obtendrían mayor beneficio propio que optando por otras oportunidades que no les prometían mayor satisfacción.

Este hecho no es debidamente comprendido ni apreciado porque a través de la historia muchas personas efectivamente si han hacho fortunas utilizando el poder coercitivo del Estado; en alguna medida han privado de mejores opciones a otros miembros de la comunidad.

El error de comprensión consiste en no identificar esos casos como violaciones a aquella libertad de la cual depende “el mercado”, sino en considerarlos como propios del sistema de mercado, cuando propiamente pertenecen al sistema conocido como mercantilismo.

MERCANTILISMO:

     La doctrina mercantilista propugna por una fuerte autoridad central.  Se consideraba como algo esencial para la expansión de los mercados y la protección de los intereses comerciales.  Se consideraban los intereses del individuo como subordinados a los del Estado.  De acuerdo con este principio, se acepto y alentó la regulación del interés y de los salarios, la ordenación de la industria por medio de la concesión de privilegios de monopolio y el empleo de medidas proteccionistas sobre las actividades de los individuos.  

La ciencia económica se circunscribe a explicar el orden social libre, basado en la igualdad ante la ley y en los intercambios voluntarios.  Y por ello podemos afirmar que cuando sí se da la economía de mercado, la riqueza de unos es el resultado del enriquecimiento de otros y no la causa de su empobrecimiento.

La riqueza productiva como depósito condicionado:

     En cualquier organización social existe alguien que tiene la última responsabilidad de la decisión sobre el destino de los medios de producción y sobre la asignación de los recursos; es decir, de cómo los recursos disponibles habrán de usarse y combinarse para atender lo prioritario y desatender otras cosas.

Todo ello teniendo en cuenta que todos los recursos tienen usos alternos y que alguien tiene que disponer donde, cómo y cuando se utilizaran y para que no se utilizaran.

Inexorablemente, la responsabilidad por las decisiones últimas le corresponderá a alguien, o al imperfecto mercado al imperfecto Gobierno.   Bajo un sistema manejado por el Gobierno autoritario o totalitario, como se pretendía con el socialismo, quienes detentan el poder político, sea una sola persona o el cincuenta y uno por ciento de ellas, asignan políticamente las prioridades, los recursos para cumplirlas y la forma de distribuir la riqueza producida.

El régimen de propiedad privada y su libre intercambio dirigido por el proceso económico del mercado lo compara Ludwing von Mises con un plebiscito diario, que determina quienes son responsables de cada cantidad específica de los medios de producción y de los recursos.  A esos recursos sociales, bajo su responsabilidad se les reconoce como de su propiedad, en tanto y en cuanto los conserve de acuerdo con la regla cardinal del mercado: o sirven para enriquecer a los demás, o el proceso se los quita y transfiere su manejo a otros.  El mercado es implacable en mantener vigente su regla cardinal y por ello propiedad de un patrimonio siempre es precaria.

QUIEBRA:  Situación que se produce cuando en una empresa los pasivos son superiores a los activos y los ingresos son insuficientes para continuar en sus negocios.

     La quiebra ocurre cuando la suma de las pérdidas exceden el valor del patrimonio. En cambio, cuando el valor del producto es mayor que el valor de los recursos consumidos, evidentemente la riqueza aumenta y el patrimonio se acrecienta.

     Esa competencia entre participantes, cada quien actuando en distintas funciones simultáneamente como dueño de recursos, como consumidor y, en alguna medida, como empresario, es también una competencia por la propiedad de los recursos y de los productos.

     Todos estamos intentando aumentar nuestra propia riqueza de la única manera que es posible en un mercado, mediante el intento de satisfacer deseos ajenos por medio de intercambios voluntarios.  En nuestra calidad de consumidores, nuestro poder adquisitivo es, precisamente, el dinero que recibimos como retribución por nuestro aporte como vendedores de recursos.   A su vez, obtenemos bienes en el mercado de productos, pagándoles a los empresarios.  Ellos compiten entre sí tratando de enriquecer a los consumidores en el mercado de productos para salir favorecidos con sus compras; y compiten con otros empresarios tratando de enriquecer a los dueños de los recursos en el mercado de recursos.  Si el empresario pierde cualquiera de los dos, sus clientes o sus proveedores, perdería su patrimonio y dejaría de ser empresario.


Podemos decir que, formalmente, una fortuna consiste en el conjunto de “papeles” con valor (acciones, bonos, acreedurías, títulos de propiedad, contratos, patentes, etc) que están bajo la responsabilidad (propiedad) de alguna persona específica, en tanto los utilice de acuerdo con la regla cardinal del mercado, cuyo efecto en las demás personas es beneficio. Los “papeles” designan quien tiene por ahora el privilegio y la responsabilidad de decidir que uso se le dará a esos recursos.  Su éxito dependerá no de satisfacer sus propios gustos y prioridades, sino los gustos y prioridades de los demás, de acuerdo con el poder adquisitivo de los demás.  Solamente así conservara los “papelitos”.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

DOCUMENTO 2 Proceso Económico I

DE LA DISTRIBUCIÓN DE EMPRESARIOS, PROFESIONES Y TIERRAS

     En El mundo real la asignación de ocupaciones se puede observar en todos los campos.  Como ejemplo, un empresario de éxito contaba que el conocía a un amigo, aun de más éxito, que sin duda podría manejar mejor el negocio que el manejaba porque tenía ventaja en capacidad gerencial y que, sin embargo, no lo había desplazado.

Resultaban así ambos dedicando su esfuerzo y conocimientos donde su aporte al producto social era mayor, resulta que el más apto se dedica aquello donde su ventaja es mayor y prescinde de trabajar en aquello donde su ventaja es menor.

Es así que el cirujano no compite con la enfermera a pesar de que indudablemente podrá hacer le trabajo de enfermería mejor, porque tiene una ventaja muchísimo mayor y valiosa para la sociedad en hacer cirugía.  De manera que decide abstenerse de trabajar donde su ventaja es menor, en enfermería.
Todos ganan, pues la sociedad entera podrá obtener mayor cantidad y calidad de servicios médicos, gracias a esa división del trabajo.

También la Ley de Asociación no explica como en forma gradual y lenta la propiedad de la tierra tiende a llegar a manos de quienes dirigiendo su uso aumentan el producto social.

LA ESTRUCTURA DEL MERCADO

     La división del trabajo no sucedería sin la oportunidad de intercambiar lo producido.  El sastre produce pantalones, no porque necesite tantos pantalones, sino para conseguir los alimentos de sus hijos.  Su manera de producir pan es, no haciéndolo, sino haciendo más pantalones.  Y quien siembra las verduras no hace sus pantalones, sino que siembra verduras para tener pantalones.

Nadie produce “excedentes”.  Todo lo que se produce es con el objeto de intercambiarlo por lo que en última instancia se desea.  La esencia es la fluidez y dinámica de los mercados.

Todos somos dueños de recursos, todos somos consumidores, y todos tenemos algo de empresarios.  La influencia de nuestros actos en el mercado dependerá de la función que en ese momento desempeñamos:
Como dueños de recursos competimos vendiéndolos, pues si los empresarios los adquieren de otros ya no lograremos obtener algo a cambio de nuestros recursos.  Consecuentemente, en nuestro intento de venderlos, pujamos para abajo los precios de los recursos.

Como empresarios necesitamos adquirir los recursos para convertirlos en productos para el consumo y, en nuestro afán de comprarlos, pujamos para arriba los precios de los recursos, porque si otros empresarios los obtienen nos quedamos desprovistos.  En nuestro afán de vender pujamos para abajo los precios de los productos, compitiendo con otros empresarios para satisfacer a los consumidores.

Como consumidores acudimos al mercado para obtener los medios de satisfacer las necesidades las de nuestra familia, y en ese afán estamos buscando siempre los mejores precios.

Toda la coordinación que se realiza dentro de un mercado es determinada por el sistema de precios.
Cuando el derecho de propiedad está asegurado por la ley y por la gestión del gobierno, es a través del fenómeno de mercado que se seleccionan esos dirigentes.

El único que puede despedir al empresario es el cliente.  Los empresarios actuaran por el incentivo de mejorar su propia condición, pero como solamente podrán tener éxito satisfaciendo deseos ajenos, de acuerdo con criterios ajenos, entra en juego el mecanismo de la ley de ventaja comparativa.


LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

     El estado natural del hombre es la pobreza. La riqueza es artificial, la riqueza es el resultado de la aplicación del trabajo e ingenio del hombre en cooperación social.  Muchos son los ejemplos de empobrecimiento de sociedades enteras, como los países que adoptaron el Socialismo en el siglo XX.

LA TENENCIA DE LA RIQUEZA

     La forma en que está dividida la tenencia de riqueza (en un momento dado, pues cada momento cambia), generalmente se estudia dividiendo la población entre cinco grupos de acuerdo a sus ingresos.  Tenemos así el quintil más rico, el más pobre, y tres quintiles en medio.

La división en quintiles, si bien es útil para estudios demográficos relacionados con la tenencia de la riqueza, siempre es relativa, pues siempre se podrá dividir una sociedad en quintiles, no importa si se trata de una sociedad muy rica o muy pobre. 

La representación grafica piramidal de la distribución de la riqueza siempre será irregular (trapezoidal) en tanto no sean todos los ingresos exactamente iguales, pues siempre habrá una minoría de personas con ingresos menores que el promedio y otra con ingresos mayores.  Adentro de esa pirámide no hay estratos fijos, pues unas personas van para arriba y otras para abajo.

La riqueza no es una cantidad fija.  Solo tenemos que observar a nuestro alrededor, para notar que la riqueza se crea día a día, y siempre hay más.  No solamente el total es mayor, sino con el tiempo todos tienen más.  El pastel es más grande y a cada uno, además, le toca mayor tajada.

Obviamente esos aumentos de toda una población no podrían ser generales si la actividad económica de la sociedad fuese un “juego de suma cero”, en el cual lo que unos ganan es lo que otros pierden.  Como hemos visto el aumento de la riqueza es el resultado del enriquecimiento mutuo.

A medida que el liberalismo del renacimiento fue rompiendo las estructuras clasistas rígidas, se comenzó a dar cada vez mayor movilidad entre niveles de ingreso, y actualmente el proceso es muy dinámico.

En una sociedad basada en el respeto al derecho de propiedad -una sociedad de mercado-  la distribución de la riqueza ocurre encontramos muchos que están fuera del control de la persona.  El principal factor es el desempeño propio de la persona, el cual si esta bajo su control y su responsabilidad, pero también inciden otros factores, como la suerte, la gente que conoce, las circunstancias del nacimiento, las dotes personales, el país donde vive, el estado de progreso de época o lugar y muchos más.  

La suerte juega un papel importante, pues las oportunidades se dan en forma circunstancial y en ocasiones imprevistas, y otras cuyo aprovechamiento ya dependerá del talento y audacia de cada quien.


Cuando la sociedad se hace más compleja es fácil perder de vista que lo fundamental sigue siendo válido: que la gente tiene lo que produce, o lo que puede obtener a cambio de lo que produce. 

martes, 29 de septiembre de 2015

Lectura Complementaria. Adam Smith. Proceso Económico I.


Adam Smith (1787)




“No es nuestro propósito, de momento, investigar si esta propensión es uno de esos principios innatos en la naturaleza humana, de los que no puede darse una explicación ulterior, o si, como parece más probable, es la consecuencia de las facultades discursivas y del lenguaje.  Es común a todos los hombres y no se encuentra en otras especies de animales, que desconocen esta y otra clase de avenencias.  Cuando dos galgos corren una liebre, parece que obran de consumo.  Cada uno de ellos parece que la echa a su compañero o la intercepta cuando el otro la dirige hacia él: mas esto, naturalmente, no es la consecuencia de ningún convenio, sino el resultado accidental y simultáneo de sus instintos coincidentes en el mismo objeto.

Nadie ha visto todavía que los perros cambien de una manera deliberada y equitativa un hueso por otro.  Nadie ha visto tampoco que un animal dé a entender a otro, con sus ademanes o expresiones guturales, esto es mío, o tuyo, o estoy dispuesto a cambiarlo por aquello.  Cuando un animal sedea obtener cualquier cosa del hombre o de un irracional no tiene otro medio de persuasión sino el halago.  El cachorro acaricia a la madre y el perro procura con mil zalamerías atraer la atención del dueño, cuando este se sienta a comer, para conseguir que le dé algo.  El hombre utiliza las mismas artes con sus semejantes, y cuando no encuentra otro modo de hacerlo actuar conforme a sus intenciones, procura granjearse su voluntad procediendo en forma servil y lisonjera.  Mas no en todo momento se le ofrece ocasión de actuar así.  En una sociedad civilizada necesita a cada instante la cooperación y asistencia de la multitud, en tanto que su vida entera apenas le basta para conquistar la amistad de contadas personas.

En casi todas las otras especies zoológicas el individuo, cuando ha alcanzado la madurez, conquista la independencia y no necesita el concurso de otro ser viviente.  Pero el hombre reclama en la mayor parte de las circunstancias la ayuda de sus semejantes y en vano puede esperarla solo de su benevolencia.  La conseguirá con mayor seguridad interesando en su favor el egoísmo de los otros y haciéndoles ver que es ventajoso para ellos hacer lo que se les pide.

Quien propone a otro un trato le está haciendo una de esas proposiciones. Dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, es el sentido de cualquier clase de oferta.  Y así obtenemos de los demás la mayor parte de los servicios que necesitamos.  No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés.  No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.  Solo el mendigo depende principalmente de la benevolencia de sus conciudadanos; pero no en absoluto.  Es cierto que la caridad de gentes bien dispuestas le suministra la subsistencia completa; pero, aunque esta condición altruista le procure todo lo necesario, la caridad no satisface sus deseos en la medida en que la necesidad se presenta: la mayor parte de sus necesidades eventuales se remedian de la misma manera que las otras personas, por trato, cambio o compra.

Con el dinero que recibe compra comida, cambia la ropa vieja que se le da para otros vestidos viejos también, pero no le vienen mejor, o los entrega a cambio de albergue, alimentos o moneda, cuando así lo necesita.  De la misma manera que recibimos la mayor parte de los servicios mutuos que necesitamos, por convenio, trueque o compra, es esa misma inclinación ala permuta la causa originaria de la división del trabajo.

Párrafo tomado del libro. El Proceso Económico
Dr. Manuel Ayúa Cordón.
Párrafo reproduce de Lectures, P. 16g. Está basado en

Mandeville, Fable of the Bees, pt II (1729), VI pp. 421-422.

domingo, 27 de septiembre de 2015

CAPITULO 3. LOS FUNDAMENTOS DE LA LIBERTA. F.A. HAYEK

LOS FUNDAMENTOS DE LA LIBERTAD

Friedrich A. Hayek

PRIMERA PARTE

EL VALOR DE LA LIBERTAD




Capitulo 3. Progreso y sentido común.



1.      Progreso y sentido común.

      Hoy la mayor parte del mundo tiene sus esperanzas puestas en el continuo progreso, es común plantease entre los intelectuales si existe tal cosa o al menos si el progreso es deseable.

En un sentido, la civilización es progreso y el progreso es civilización. La conservación de la clase de civilización que conocemos depende de la actuación de fuerzas que en condiciones favorables provocan progreso.

La historia de la civilización es el relato del progreso,  la civilización comenzó, cuando el hombre se dedico a la vida ciudadana.  Todas las consabidas quejas contra la industrialización, el capitalismo o el elevado refinamiento son principalmente protestas contra una nueva forma de vida que el hombre emprendió poco tiempo ha, después de más de medio millón de años de existencia como cazador errante, y que creó problemas que todavía no ha resuelto.

2.      Progreso y mejora.

     La evolución social no puede denominarse progreso, dado que no se logra por la razón humana esforzándose por medios conocidos hacia un objetivo fijo.  Sería más correcto pensar en el progreso como un proceso de formación y modificación del intelecto humano; un proceso de adaptación y aprendizaje. El progreso consiste en el descubrimiento de lo que todavía no es conocido, sus consecuencias deben ser impredecibles.  La razón humana no puede predecir ni dar forma a su propio futuro.  Sus progresos consisten en encontrar donde estaba el error.

Las teorías del progreso estas, pues, diferenciadas en dos distintos tipos, correspondientes a dos tipos políticos radicalmente opuestos y que ejercen su atracción sobre temperamentos antagónicos.  Uno de los tipos lo constituyen los idealistas y socialistas constructivistas, que pueden nombrar todas las calles y torres de la “ciudad dorada”,  que imaginan como si estuviese situada justamente al otro lado del promontorio.  El desarrollo del hombre es un circuito cerrado, sus fases se conocen y están al alcance.   El otro tipo lo integran aquellos que, a la vista de la gradual ascensión del hombre, creen que por la misma interrelación de fuerzas que le han conducido tan lejos y mediante un posterior desarrollo de la libertad, para cuya obtención ha luchado, se moverá lentamente hacia condiciones de creciente armonía y felicidad.  Aquí el proceso de desarrollo es indefinido; sus etapas son desconocidas y se sitúan en el remoto futuro.  La libertad individual dual es la fuerza motriz y su correspondiente teoría política es el liberalismo.

El intento de hacer que la ciencia apunte deliberadamente al conocimiento útil o, lo que es lo mismo, al conocimiento cuya utilización futura puede preverse, es lo mismo que impedir el progreso.  El progreso, por su propia naturaleza, no admite planificación.   

También a menudo el conocer más nos hace más tristes.  Aunque el progreso consiste en lograr cosas por las que hemos estado esforzándonos, ello no significa que a todos les agraden los resultados o que todos resulten gananciosos.  El progreso, es un término que dice poco acerca de si la nueva situación nos dará más satisfacción que la vieja.

La inteligencia humana no se prueba a si misma mediante los frutos de los sucesos pasados, sino con los del presente y con los del futuro.  En una sociedad estacionaria, el número de los que progresan equivaldría aproximadamente al de los que retroceden.

Una de las realidades más características de la sociedad progresiva es que la mayoría de las cosas que los individuos se esfuerzan por obtener tan solo pueden conseguirse a través de mayores adelantos. Las nuevas posibilidades llegan a ser posesión común solo a través de ese lento proceso en cuya virtud los logros de los pocos se hacen obtenibles para los muchos.   Tienen que pasar a través de un dilatado proceso de adaptación, combinación y mejoramiento antes de que se puedan utilizar por completo.  Esto significa que siempre existirán gentes que se beneficien de las nuevas conquistas con antelación al resto de los mortales.

3.      Progreso y desigualdad

     El rápido progreso económico con que contamos parece ser en gran medida el resultado de la aludida desigualdad y resultaría imposible sin ella.   La elevación de nuestro nivel de vida al menos se debe en gran parte a un incremento del conocimiento que facilita no solamente el mero consumo de mayores cantidades de las mismas cosas, sino la utilización de cosas diferentes y otras que a menudo no cocinamos antes.

El desarrollo del conocimiento goza de tan especial importancia porque, mientras que los recursos materiales permanecen escasos y han de reservarse para propósitos limitados, los usos del nuevo conocimiento (donde no se reduzcan artificialmente mediante patentes de monopolio) carecen de límites. A través de este libre uso del conocimiento, adquirido por la experiencia de algunos de los miembros de la sociedad, se hace posible el progreso general.  Los logros de aquellos que han marchado a la cabeza facilitan el avance de los que les siguen.  “Los lujos de hoy son las necesidades del mañana”.

Si hoy en día los países más ricos pueden suministrar en gran medida bienes y servicios, cuya gran mayoría no hace mucho tiempo era físicamente imposible producir en tal cantidad, es consecuencia directa de que primeramente tales bienes y servicios fueron puestos a disposición de unos pocos primero.

El camino al progreso se facilita grandemente por el hecho de que otros lo hayan recorrido antes. Muchas de las mejoras no hubieran llegado ciertamente a constituir una posibilidad para todos sin haber sido obtenidas antes por algunos.

4.      Experiencias respecto al modo de vivir

     En una sociedad progresiva, tal y como la conocemos hoy, los comparativamente ricos se hallan a la cabeza del reto en lo tocante a las ventajas materiales de que disfrutan, viven ya dentro de una fase de evolución que los otros no han alcanzado todavía.  Para que una sociedad continúe progresando es ineludible que algunos dirijan y sean seguidos por el resto.

No hay forma de hacer generalmente accesibles las nuevas y todavía costosas formas de vida, excepto mediante el sistema del ensayo o prueba inicial por algunos.  En definitiva, para que una sociedad planificada lograse el mismo índice de progreso que una sociedad libre, el grado de desigualdad prevalente no sería muy distinto.

No es posible calcular el grado de desigualdad deseable en una sociedad libre. Al fin y al cabo, la existencia de grupos que se mantienen a la cabeza de los restantes es una ventaja para los que van detrás, de la misma forma que a todos nos aprovecharía grandemente el hecho de que pronto pudiéramos procurarnos el más avanzado conocimiento obtenido bajo mas favorables condiciones por otros seres en un continente anteriormente desconoció o en otro planeta.

5.      Aspectos internacionales.
    
     Es difícil discutir desapasionadamente el problema de la igualdad cuando afecta a los miembros de nuestra propia comunidad.   

La circunstancia de que los pueblos occidentales dispongan de más riqueza que los demás tan solo en parte es debida a una mayor acumulación de capital.  La razón se ha dado principalmente a la utilización más efectiva del conocimiento.

Los pueblos occidentales no solo son más ricos porque están más adelantados en conocimientos tecnológicos, sino que poseen conocimientos tecnológicos más adelantados porque son más ricos.

En relación con lo anterior, merece la pena recordar que las clases económicamente más avanzadas son las que hacen factible que un país tome la delantera en el progreso mundial.

6.      Redistribución y velocidad del progreso.

     Desde luego, aquella sociedad que permita tan solo el encumbramiento de los privilegiados políticos o en la que quienes primeramente se encumbraron, tras obtener el poder, lo utilicen para mantener sojuzgados al resto de las gentes, no es mejor que la sociedad igualitaria.  La resistencia opuesta a la mejora de algunos constituye a la larga un obstáculo para la prosperidad de todos y no daña menos al verdadero interés de la masa, por mucho que satisfaga las momentáneas pasiones de esta.

7.      Progreso material y restantes valores.

     Con respecto a los más avanzados países de Occidente, a veces se arguye que el progreso es demasiado rápido o exclusivamente material. Probablemente estos dos aspectos están relacionados íntimamente.  Las épocas de muy rápido progreso material raramente han sido periodos de gran florecimiento en las artes.   Quizá sea natural que tras los periodos de rápido incremento de la riqueza tenga lugar un movimiento hacia lo inmaterial, o que cuando la actividad económica ya no ofrece la fascinación del rápido progreso, algunos de los hombres mejor dotados se vuelvan hacia la consecución de otros valores.

Para algunos este progreso constituye una completa tragedia, y para cuantos preferirían vivir de los frutos del pasado sin tomar parte en la futura carrera, el progreso entraña una maldición más bien que una bendición.

Si abandonamos el progreso, tendremos que prescindir de todas esas mejoras sociales en las que hoy tenemos nuestras esperanzas.  Todos los anhelos adelantados en materia de educación y de sanidad, así como la realización de nuestros deseos de que al menos gran parte de los pueblos alcance los objetivos por los que luchan, dependen de la continuación del progreso.  Únicamente hemos de tener siempre presente que suprimir el progreso de la cabeza significaría impedir pronto el de todos los miembros, percatándose así de que realmente es lo único que no debemos querer.

8.      Civilización y progreso continuo.

     Aunque superficialmente pudiera parecer que en la actualidad compiten dos tipos de civilización buscando el favor de los pueblos del mundo, las promesas que ambas ofrecen a las masas, las ventajas que airean, son esencialmente idénticas.  Y aunque tanto los países libres los totalitarios pretenden que sus respectivos métodos satisfarán más rápidamente las apetencias de la gente, el objetivo en si les parece el mismo.  La principal diferencia estriba en que solo los totalitarios saben claramente como quieren lograr esos resultados, mientras que el mundo libre puede mostrar únicamente sus logros pasados, dado que, por su misma naturaleza, es incapaz de ofrecer cualquier plan de tallado para ulterior desarrollo.

Creen, tan firme y tan equivocadamente como lo pobres de cualquier país, que sus objetivos pueden lograrse mediante una redistribución de la riqueza.  Las enseñanzas de Occidente le han confirmado en esta creencia, y a medida que su vigor aumente serán capaces de obtener por la fuerza tal redistribución si el incremento de riqueza que provoca el progreso no es lo bastante rápido.

Las aspiraciones de la gran masa de población del mundo solo pueden satisfacerse mediante un rápido progreso material. De ahí que no solo seamos criaturas del progreso, sino también sus cautivos. 

SEGUNDA ENTREGA, CAPITULO 2. LA ACCION HUMANA. L.V. MISES.






4.  El principio del individualismo metodológico

     La praxeología se interesa por la actuación del hombre individual. Solo mas tarde, al progresar la investigación, se enfrenta con la cooperación humana, siendo analizada la actuación social como un caso especial de la más universal categoría de la acción humana como tal.

Este individualismo metodológico ha sido atacado duramente por diversas escuelas metafísicas y rechazado como falacia nominalista.  El propio concepto de individuo, se afirma, no es más que una vacía abstracción.  El hombre aparece siempre como miembro de un conjunto social.  Es imposible incluso imaginar la existencia de un individuo aislado del resto de la humanidad y desconectado de todo lazo social.  El hombre aparece invariablemente como miembro de una colectividad.  Por tanto, siendo así que el conjunto, lógica y cronológicamente, es anterior a sus miembros o partes integrantes, el examen de la sociedad ha de preceder al del individuo.  El único medio fecundo para abordar científicamente los problemas humanos es el recomendado por el universalismo o colectivismo.

Conviene advertir que la acción es siempre obra de seres individuales.  Los entes colectivos operan, ineludiblemente, por mediación de uno o varios individuos, cuyas actuaciones se atribuyen a la colectividad de modo mediato.

Si llegamos a conocer la esencia de las múltiples acciones individuales, por fuerza habremos aprehendido todo lo relativo a la actuación de las colectividades. Porque una colectividad carece de existencia y realidad propia, independiente de las acciones de sus miembros.

No es ni siquiera concebible un ente social que pudiera operar sin mediación individual.  Por tanto, el único camino que conduce al conocimiento de los entes colectivos parte del análisis de la actuación del individuo.  La sociedad no tiene más base que la propia actuación individual.

Solo gracias a las acciones de ciertos individuos resulta posible apreciar la existencia de naciones, estados, iglesias y aun de la cooperación social bajo el signo, de la división del trabajo.  No supone ello afirmar que el individuo antecede temporalmente a la sociedad.  Simplemente supone proclamar que la colectividad la integran concretas actuaciones individuales.

Es ilusorio creer que es posible contemplar los entes colectivos. No son estos nunca visibles; su percepción es el resultado de saber interpretar el sentido que los hombres en acción atribuyen a sus actos.
No son nuestros sentidos, sino la percepción, es decir, un proceso mental, lo que nos permite la existencia de entidades sociales.

Los problemas que suscita esa multiplicidad de entidades sociales coexistente y su muto antagonismo solo pueden resolverse mediante el individualismo metodológico.

Individualismo metodológico: Es un método ampliamente utilizado en las ciencias sociales, sostiene que todos los fenómenos sociales, son en principio explicables por elementos individuales, es decir las propiedades de los individuos, como pueden ser sus metas, sus creencias y sus acciones.  Sus defensores lo ven como una filosofía-método destinada a la explicación y comprensión amplia de la evolución de la sociedad como el agregado de las decisiones de los particulares.  El individualismo metodológico niega que una colectividad sea un organismo autónomo que toma decisiones, y exige que las ciencias sociales fundamenten sus teorías en la acción individual.  Esta ida también ha sido utilizado para atacar, entre otras ideas a el historicismo, el funcionalismo estructuralista, el sicologismo o creencia en las funciones de la clase social, los roles de género o etnia como factores determinantes del comportamiento individual.

El Yo y el Nosotros

El Ego es la unidad del ser actuante.  Es un dato incuestionable, cuya realidad no cabe desvirtuar mediante argumentos ni sofismas.

El nosotros es siempre fruto de una agrupación que une a dos o más Egos.  Si alguien dice Yo, no se precisa mayor ilustración para percibir el significado de la expresión.  Los mismo sucede con el Tu y, siempre que se halle específicamente precisada la persona de que se trate, también acontece lo mismo con él. Ahora bien, el decir Nosotros, es ineludible una mayor información para identificar que egos, se hallan comprendidos en ese Nosotros. Siempre es un solo individuo quien dice Nosotros; aun cuando se trate de varios que se expresen al tiempo, siempre serán diversas manifestaciones individuales.  

Solo en tal sentido el representante de una agrupación social actúa por la comunidad; los miembros individuales o bien dar lugar a que la acción de uno solo les afecte a todos o bien consienten el resultado.
Ahora bien, tratándose de problemas políticos y económicos, el pluralis gloriosus se transforma en el pluralis imperialis y, como tal, desempeña un importante papel en la propagación de doctrinas que influyen en la adopción de medidas de grave trascendencia en la política económica internacional.

Pluralis Imperialis: Literalmente, plural imperial. Por lo tanto, se refiere al uso del plural “nosotros” de una manera tal que el usuario implica una identidad personal falsa, que le relaciona con los poderosos de su tiempo. Ejemplo: Un británico entre 1790 y 1945 dijo: “estamos gobernando la India”.

Pluralis Gloriosus: Literalmente, Plural glorioso. Por lo tanto, se refiere al uso del plural “nosotros” de una manera tal que el usuario implica una identidad personal falsa, que le relaciona con personas famosos o distinguidos.  Ejemplo: un italiano dice: “somos los pintores más grandes del mundo”.

5.       El principio de singuralismo metodológico

     La praxeología parte en sus investigaciones, no solo de la actuación del individuo, sino también de la acción individualizada. No se ocupa vagamente de la acción humana en general, sino de la acción realizada por un hombre determinado, en un fecha determinada y en determinado lugar.

Tanto el universalismo como el colectivismo y el realismo conceptual solo saben manejar conjuntos y conceptos generales.

La praxeología inquiere: ¿Qué sucede al actuar? ¿Qué significación tiene el que un dividuo actué, ya sea aquí o allá, ayer u hoy, en cualquier momento o en cualquier lugar? ¿Qué trascendencia tiene el que elija una cosa y rechace otra?

La elección supone siempre decidir entre varias alternativas que se le ofrecen al individuo.  El hombre nunca opta por la virtud o por vicio, sino que elige entre dos modos de actuar, uno de los cuales nosotros, con arreglo a criterios preestablecidos, calificamos de virtuoso, mientras al otro lo tachamos de vicioso.  La vida humana es una ininterrumpida secuencia de acciones individualizadas.
Cada acción es un eslabón más en una cadena de actuaciones, las cuales, ensambladas, integran una acción de orden superior tendente a un fin más remoto.  El camino que conduce a las grandes realizaciones está formado siempre por tareas parciales.  Lo que cuenta  para la praxeología es el hecho de que el único método adecuado para realizar las grandes obras consiste en empezar por los cimientos y proseguir paso a paso hasta su terminación.

6.      El aspecto individualizado y cambiante de la acción humana


El contenido de la acción humana, es decir los fines a que se aspira y los medios elegidos y utilizados para alcanzarlos, depende de las particulares condiciones de cada uno.  La mayor parte de la vida del hombre es pura rutina.  Practica de determinados actos sin prestarles especial atención. Muchas cosas las realiza porque así fue educado, porque otros proceden del mismo modo o porque tales actuaciones resultan normales en su ambiente.  Adquiere hábitos y reflejos automáticos. Ahora bien, cuando sigue tales conductas es porque sus consecuencias les resultan gratas, pues tan pronto como sospecha que el insistir en las prácticas habituales le impide alcanzar ciertos sobrevalorados fines, rápidamente cambia de proceder.